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Durante los últimos meses se ha hacho cada vez más evidente que al gobierno colombiano le importa menos cuidar su imagen y confía en los viejos e inescrupulosos mecanismos de la politiquería del país que, desafortunadamente, le resultan completamente eficientes en su objetivo de perpetuar no sólo a un presidente, sino a toda una clase política en el poder. No importa la cada vez más desvalorizada imagen que en el exterior se tiene de los dirigentes colombianos y sus decisiones, no importa la baja en la popularidad de Uribe, sin dejar de reconocer que aún hay millones de colombianos que insisten en hacerse los de la vista gorda con los comportamientos antidemocráticos de la Presidencia; no importa el retraso progresivo del país a nivel de obras de infraestructura, no importa la, cada vez más, maltratada imagen del Congreso de la Republica; no parece importar para nada el decaimiento del país con tal de perpetuar el poder por, en principio, cuatro años más, con la excusa de concretar los programas de gobierno que, paradójicamente, no se han podido comenzar por estar buscando los años necesarios para su supuesta consolidación.

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La misma sensación de soledad y tragedia que sentía el Joven Paul Baumer, al enfrentar los misiles cargados con la irracionalidad de una guerra que se peleo con kilos de carne y sangre humana, se siente cada vez que una tragicomedia diaria, que se atreven a llamar noticiero, pasa por la televisión colombiana.  Es atrevido parafrasear al gran Remarque, aún en un tema que ya se ha trillado en este espacio y el cual debería ser harina consumida, sin embargo la desfachatez de los medios, la realidad de la sociedad y la poca profundidad que alcanza nuestra sociedad actual frente a hechos que hacen historia y cuyas variantes serán determinantes para el crecimiento de la filosofía de la humanidad como conjunto; convierten en necesario el énfasis de palabras que se pierden en el abismo y terminan acentuadas sin fuerza como viejas tablillas sumerias. Niños sicarios asesinan en las calles de la ciudad, políticos juglares posan de honestos al clamor del sufragio, el hambre se cierne sobre continentes enteros y la sociedad está tan ocupada viendo las series de televisión que quieren representar la realidad para aquellos que no la ven por estar mirando en una caja a aquellos que les pretenden mostrar esa misma realidad que se están perdiendo. ¿De qué tamaño debe ser la hecatombe para que hoy haya alguna novedad en el frente?

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The American Way

Con una particular combinación de vida campirana y desarrollo tecnológico, Denver, Colorado, parece un pueblo fantasma donde los seres vivientes son automóviles que recorren amplias y anchas carreteras. Lunes, martes o sábado, cada día es una eterna tarde de domingo donde la fresca brisa de la primavera acaricia el rostro de los esporádicos seres humanos que de vez en cuando se ven deambular como espectros entre sus edificios. Denver es un ensueño o una pesadilla, Denver se regodea en una calma inaudita para una gran ciudad, mientras en sus grandes empresas se construye parte de la tecnología que mueve al mundo. Un mundo extraño para las costumbres latinas, un sitio tan encantador que produce miedo. Colorado trasiega con su carga histórica y sus riquezas naturales donde la caprichosa geología ha dejado escapar su imaginación creando únicos paisajes de topología lunar pero llenos de vida. ¿Cómo puede un latino mezclarse con un mundo americanizado sobre un territorio mexicano con profundas raíces indígenas?

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La constitución política colombiana de 1991, a pesar de la pesada carga política que tuvo que sostener, logró regular los tres poderes estatales de tal manera que hubiese un sano equilibrio entre el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Para un país tan politizado como Colombia, es de vital importancia el equilibrio de los poderes que gobiernan la nación. Sin embargo, debido al fenómeno Uribe y la descarada politización del Ejecutivo, se aprobó la reelección presidencial para un único periodo adicional. Ahora, de manera aún más descarada se comienza a abrir camino la aprobación de una nueva reelección presidencial desequilibrando peligrosamente el delicado balance de poderes. Coincidencialmente el día que se aprobó, en primer debate, el proyecto de referendo, también se atrapo a alias Don Mario, de tal manera que la noticia de la aprobación paso a un segundo plano y no pasó de ser una nota corta en los mediocres noticieros colombianos. ¿Coincidencia o cortina de humo?

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Después de los trágicos resultados de la Segunda Guerra Mundial, donde perdieron la vida más de cincuenta millones de personas, donde naciones poseedoras de un alto desarrollo artístico y científico se convirtieron en genocidas, donde razas enteras fueron condenadas al exterminio, donde se desvalorizó la vida humana hasta un punto más allá del raciocinio; después de la barbarie y la inconciencia, se creó la Comunidad de Naciones, que luego se convertiría en la Organización de las Naciones Unidas. En principio su objetivo era simple: evitar que de nuevo sucediera una masacre de similares proporciones, evitar que los pueblos alcanzaran tales niveles de locura y concertar mecanismos comunes de negociación entre los países.  Quizá el principal punto específico que se deseaba alcanzar en el momento de la creación de la ONU era evitar la llamada guerra preventiva, es decir, aquella donde un grupo ataca a otro por si acaso éste lo iba a atacar después.  En otras palabras, evitar la “esquizofrenia política e ideológica”. Es triste, por tanto, escuchar al señor Ministro de Defensa colombiano hablar de la validez de la guerra preventiva justificada por “motivos de seguridad nacional”, sin considerar las consecuencias colaterales y de largo plazo que tal filosofía puede llegar a tener.

 

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Agujeros negros

Después de años de horrendos asesinatos, Hutus y Tutsis mantienen una tensa calma en Rwanda mientras el gobierno de ese país, en un acto de dignidad histórica, se prepara para rechazar la ayuda internacional que llega de Norteamérica y algunos países europeos. Zimbabwe se debate en medio de una devaluación extrema de su moneda, recordando las oscuras épocas del Marco Alemán en la época de la gran depresión. Bembea niega con vehemencia haber tenido participación en los genocidios del Congo. Jacob Zuma se perfila como el vencedor más probable de las elecciones presidenciales en Sudáfrica sin importar que durante los últimos cuatro años haya recorrido tribunales respondiendo por cargos de corrupción, lavado de activos, fraude, estafa y acceso carnal violento (¿será que con la famosa ducha que se dio para evita el SIDA también le alcanzó para evitar la justicia?). Etiopía mantiene aún tropas en Somalia, gastándose en  guerra lo que no tiene para gastarse en comida. Mauritania se debate en medio del aún reciente golpe militar. La delicada paz en Costa de Marfil tambalea a raíz del enrarecido ambiente político. Haití lucha para defender su tradición independentista enfrentando las potencias, la naturaleza y los fenómenos heredados de los Duvalier. ¿Será acaso que el mundo negro no tiene futuro? ¿Será que estamos condenados a ver como los descendientes de los grandes reinos africanos se pierden en la condena de la historia?

 

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En las democracias modernas el constituyente primario tiene el derecho y obligación de elegir y fiscalizar a sus gobernantes para garantizar que éstos actúen, de manera ética, eficiente y oportuna, frente a las necesidades y problemas de su pueblo. La intervención del “elegido” en los aspectos decisivos de la política y la administración estatal deben ser acordes con un comportamiento moral ejemplarizante, como, por ejemplo, aquel que dicta que el capitán es el último en abandonar el barco. Debido a que, por naturaleza, el hombre puede crear, fácilmente, un sistema paralelo de valores con el fin de alcanzar metas personales que, erróneamente, él cree son las metas de toda la sociedad; los miembros constituyentes de cada democracia deben crear mecanismos de control que levanten voces de alarma cuando alguno de los poderes se extralimita o comienza a difuminar las fronteras de lo debido y no debido. Cuando los mecanismos de control fallan,  los gobernantes se vuelven arrogantes y dictatoriales. Cuando los gobernantes fallan y el pueblo los tolera, es todo el conjunto social el que, irremediablemente falla, llevando el mundo a situaciones extremas de tolerancia de los abusos como el fascismo, el apartheid y el racismo, solo por mencionar una cuantas.  El DAS-gate colombiano de esta semana es, claramente, el resultado de la tolerancia extrema que el pueblo ha tenido hacia las medidas extremas de su administración, con la excusa de combatir al “enemigo portador de todos los males” cuando, en realidad, el verdadero enemigo del desarrollo colombiano está en la perpetuidad de ese tipo de comportamientos gubernamentales a través de los años eternos del periodo post-guerra de Los Mil Días.

 

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El problema del origen

Durante años he leído la historia de los pueblos, sus cosmogonía, mitología y desarrollo. He logrado comprender que los fenómenos sociales, políticos y militares que se viven a diario en las noticias no son esporádicos ni se presentan debido a un detonador aislado, por lo contrario, son el resultado de cientos de acontecimientos que van creando un camino que llevan, irremediablemente, a que los hechos, aunque no predecibles, si tengan una tendencia y un matiz característico que ha sido predeterminado por el pasado. El pasado de cada pueblo y persona, de alguna manera u otra, determina su manera de ser y su comportamiento, a veces hechos olvidados o eventos enterrados en la memoria de dos o tres ancianos son el factor clave para los cambios más abruptos en la suerte de toda una nación.  Paradójicamente, nunca me he interesado por mi propio origen, mi propio pasado y mi propia ascendencia. ¿Será, acaso, el momento de buscar un pedazo perdido de mi pasado?

 

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La deuda histórica

No quedó piedra sobre piedra, no quedó una sola chimenea con la cual calentarse en las frías noches del invierno, no había un solo chocolate para alimentar las risas infantiles, no había esperanza en los corazones de miles de almas derrotadas, no había brillo en los ojos de aquellos osados guerreros que se atrevieron algún día a desafiar el mundo entero, impulsados quizá por delirios de grandeza, quizá por desconocimiento de sus propios límites, quizá, simplemente, por la ignorancia de otros que, al final de cuentas, fue la que los llevó al abismo de sus propios monstruos internos.  Sólo había mujeres y niños, los hombres habían teñido de rojo los ríos y mares o alimentaban con su sudor los hornos de otros imperios. Mujeres solitarias sin flores ni piropos, niños huérfanos sin galletas ni balones. El ocaso de reinos que soñaban con mil años de gloria, los ojos tristes pero el alma fuerte, el corazón estrujado pero los brazos dispuestos a pulir los ladrillos que sobre el piso aún se veían bañados en sangre y lagrimas, cubiertos del terror de aquellos que murieron escondidos tras ellos.

 

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En épocas de prosperidad las personas tienden a ser afables y generosas, tienden a ser más tolerantes, tienden a tener mentes y corazones abiertos. Sin embargo, en épocas de crisis, ante el miedo, la incertidumbre y el temor, las personas tienden a dejarse llevar por sus instintos básicos, ya no son tan tolerantes, ya no tienen ideas tan abiertas y, por el contrario, tienden a refugiarse en el absolutismo y las ideas proteccionistas con el fin de buscar un refugio psicológico frente a los problemas reales que los agobian. Uno de los mecanismos de defensa que utilizan con frecuencia los pueblos es refugiarse en ideas nacionalistas y ultra conservadoras porque les dan la sensación de seguridad. Dolorosos y claros ejemplos nos ha dado la historia: el nacimiento del fascismo y su mutación, el nacionalsocialismo, han demostrado que en momentos de crisis los ciudadanos están dispuestos a aceptar la radicalización de las ideas, así éstas violen principios de convivencia y respeto hacia los demás. Uno de los caballitos de batalla que comienzan a utilizar los grupos radicales en tiempos de crisis es inculpar a aquellos que son diferentes, a los extranjeros a su grupo tomando el término en su sentido más amplio. Los inmigrantes caen, desafortunadamente, dentro de la categoría de chivos expiatorios. Así que, en estos momentos, ¿qué debe hacer un inmigrante para enfrentar no sólo la crisis sino los posibles vetos con los que se pueda ver atacado?

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