Tan pronto como se atraviesan las puertas de Tocumen, se siente esa brisa calida caribe que acaricia la piel con una fortaleza refrescante, el olor lleno de vida del mar y las arenas de dos océanos se mezclan con la majestuosidad de una selva impenetrable dándole a Panamá ese aire único de desarrollo heredado. Como un gran suburbio de cualquier ciudad norteamericana, algunos de sus barrios se componen de amplias casonas con frondosos jardines y lujosos techos que otrora albergaron a las tropas de Estados Unidos que hacían firme presencia en la Zona del Canal. Sin embargo, el aroma latino se deja ver más adelante cuando frente a modernas torres se levantan pequeñas casas de ladrillo curtido por el sol y manchado con goteras de lluvias marinas traídas por poderosos vientos de alta mar que alimentan la vida de esa brisa que da alegria con solo tocarla.
La desinhibición famosa del habitante Caribe entra en resonancia con el carácter más calmado del Pacífico para dar a los panameños una seria amabilidad que desafortunadamente se ve cansada por el eterno desgaste de turistas que van y vienen. Pero siempre se mantiene esa hermosa brisa que acaricia el rostro y sonríe con picardía al saber que el viajero ha quedado conmovido para siempre con su encanto juvenil y sus suaves movimientos. La brisa va y viene atravesando la ciudad y llenando de alegría todos los lugares, mientras recatada extiende sus brazos para recoger en su regazo los rayos del sol.
Llegada la noche esa brisa panameña, que parece importada de la Heroica Cartagena, se torna más audaz y salvaje. Al calor de la noche la brisa se mueve a sus anchas por la city e invade calladamente las mentes y los espíritus de viejos y jóvenes que sienten en sus brazos y en su piel la fuerza revitalizadora. Los lugares de diversión pululan en la noche y aquella maravillosa brisa los invade para enloquecer a danzarines que mueven sus brazos y caderas sin importar el ritmo o la hora, esa brisa escalofriante los mantiene despiertos ante la manifestación sin igual de su portentosa belleza.
La hermosa Panamá que ha sido codiciada por medio mundo, esconde, como un secreto que siempre está a la vista, a esa preciosa brisa que al compás de las notas musicales se mantiene en guardia a pesar del cansancio de tanta energía almacenada entre corazones que escapan a la realidad y prefieren desfogarse ante los ojos imaginarios de diosas que animan y dan belleza al paisaje.
Ese destino al que siempre se quiere volver es Panamá en el corazón de muchos que no pueden escapar a las sueves caricias de esa brisa majestuosa.




He disfrutado del mar que rodea a Panamá, es fascinante y…pensar que el Canal de Panamá era de Colombia, respiro profundo porque hay quien dice que era de mi familia, sería millonaria!!
Bueno, me estoy desnudando aquí!
Un abrazo!
Ni el mismo Simon Bolivar veía a Panamá como parte de Colombia. Si aún siguiera siendo nuestra quizá sería el epicentro de conflictos y matanzas de unos y otros para quedarse con ese pedazo fantástico de tierra. Un saludo y que sigas soltando prendas por estos lados.
Me gustarían esas brisas pero solamente por conocer un nuevo lugar, pero la verdad, pienso que en Colombia me ofrecen mejores brisas, paisajes y lugares para volver.