Pienso y Existo

noviembre 20, 2007

El infierno de Escalona*

Filed under: Pensamientos — Wilmar Perez @ 3:47 am
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Variopintas formas de llevar mensajes de un lado a otro se ha inventado el hombre.  Una vez que las comunidades humanas comenzaron a regarse por la faz de la tierra, las personas requerían intercambiar información con coterráneos y forasteros, con el vecino y, también, con el mágico habitante de las tierras cercadas por el horizonte. Hubo todo tipo de discípulos de Ícaro que, a pie limpio o sobre el lomo de un corcel, llevaban las nuevas tan esperadas por todos. Inmortalizado en la literatura está el sin igual Correo del Zar, Michel Strogoff. Estampados en nuestra historia colombiana están los cantores vallenatos, herederos del acordeón y la poesía de un pueblo cuyas noticias y titulares se convirtieron en leyendas del Hombre Caimán y Casas en el Aire donde habitaba Alicia quizá después de escapar de la madriguera del conejo.

 Llegó el telégrafo y luego el teléfono; llegaron las microondas y los celulares; Internet se instaló cómodamente abrazando el mundo y sus alrededores. El Ícaro moderno es un protocolo de comunicaciones y Neruda sucumbió a gusanito.com. El vallenato perdió su sustento inicial y luego cayó en la mayor de sus desgracias: se convirtió en un buen negocio para las disqueras. Condición que no es necesariamente mala sino fuera porque para ser éxito comercial en Colombia no se vale cantar sobre la matanza en las bananeras o hacer poemas cantados que relaten el drama de los desplazados. Para vender es más propicio hacer odas a un osito dormilón o al hermoso cañaguate florecido. 

Aquellos que vivimos en el interior no percibimos con gusto el vallenato folclórico, sino que somos adictos a un paseo vallenato mezclado con balada pop que en sus cumbres más altas de “creatividad artística” hace que las masas se identifiquen con pasajes dulzones donde hasta las más cursis novelas rosa podrían pasar por escritos de Dostoievski. Para los productores musicales, este fenómeno se ha convertido en una mina de oro y abrió el camino para consolidar el embrutecimiento de un pueblo a través de la decadencia artística. Es poco menos que espantoso observar gente de todas las edades gritar con un aguardiente en la mano entonando cadencias parranderas con olor a vómito y berrinche de cantina, luego bailan en una baldosa el paseo vallenato de moda, el cual conserva una melodía estancada en el tiempo; y empatan con un merengue de los 80 que ha fuerza de repetición ya se baila por costumbre.

No vale pensar, no vale crear, no vale reflexionar. ¿Para qué hacer la vida más difícil? Es mejor seguir embrutecido con cantos de sirena que desarrollar un espíritu crítico e inquisidor. Nuestro pueblo le da la razón a Nerón y se contenta con circo porque ni pan reciben. No contentos con embotarse ellos mismos, los amantes del omnipresente ritmo característico del “mañé” (léase paseo vallenato, merengue y baladas de los 80’s, parranda y protesta perdida, entre otros), tienen la costumbre de poner todo el volumen y someter a sus vecinos, pasajeros y compañeros de trabajo al mismo tormento, como si a todos nos gustara sufrir el mal gusto. Quizá es su pobreza intelectual la que no les permite digerir el significado del derecho al silencio y que les importa un bledo la contaminación que causan. Salen a escuchar esos monótonos y horribles sonidos en el balcón de la casa, sin camisa y ostentando la cerveza trofeo del guayabo; quieren gritar a los cuatro vientos: “mírenme, soy patético”. 

Pobre Escalona, ojala no te amargue tu Premio a las Bellas Artes el saber que la tradición de un pueblo que ayudaste a ensalzar, heredero de los juglares, se haya convertido en el foso putrefacto de la falta de ideas y el monumento a la pobreza mental.

* Basado en una idea original de Natalia Betancur

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5 comentarios »

  1. No comparto la idea y reflexión de este artículo. Considero que los gustos musicales en la gente son tan variados como la vida misma para generalizar al vallenato con sus 4 ritmos a una idea tan ironica como la de “El Infierno de Escalona”, más allá de gustos y no gustos por los ritmos vallenatos, sus formas de expresiones en la gente del caribe, sus celebraciones, etc, etc, como colombianos debemos reconocer la multiplicidad de razas y culturas, respetando en este caso la diversidad musical.

    Comentario por Emilia Lucía — noviembre 22, 2007 @ 12:50 am | Responder

  2. Yo también creo que los gustos musicales, por su variedad, no tienen que agradar a todo el mundo. Sin embargo, reconozco que hay cierta degeneración en algunos géneros. Muchos lugares comunes y poca creatividad.

    Lo tropical no ha sido muy de mis afectos a excepción de la salsa, cuya variación romántica también ha dejado atrás temas más sociales como Los desaparecidos, El negro bembón, Decisiones, Triste y vacía, Oh qué será, entre otros.

    Finalmente, algo muy personal, el reggaeton, no he podido con el género, es más, pienso que nació degenerado. pero reconozco que algunos temas me han hecho cambiar de opinión a veces.

    Saludos.

    Comentario por catalinatrujillo — noviembre 22, 2007 @ 10:22 pm | Responder

  3. estoy de acuerdo con Catalina, el problema no es de gustos, sino de la entrada en decadencia de un genero que alguna vez fue representativo del folklore de una de nuestras muchas culturas, y hoy es representativo (junto con el mencionado regaeton, que es el hibrido mas espantoso que he conocido) de una decadencia cultural asociada a la comercializacion , al facilismo, a la falta de educadores… en fin…

    Comentario por Natalia — noviembre 26, 2007 @ 3:36 pm | Responder

  4. Aunque sin demeritar las expresiones artísticas de cada cultura,lo que en realidad se detesta del vallenato son las posiciones estupidas adoptadas por sus seguidores,donde la IMPOSICION DEL RITMO es la base prima,despues el trago,la jerga,la insoportable pobreza mental de los contenidos liricos y la increible metaforfosis de toda esa cantidad de micos alrededor de un taxi,una buseta,o una moto rx,en chancletas y manga cisa,con tufo a cerveza amarga y la imitación del sombrero voltiao comprado en ferias de pueblo,rodeados de nenas con ombligeras que dibujan la verdadera esencia del sonsonete en sus barrigas sudorosas,y toda la agresividad desbordada que produce verdadero asco,obligandonos a escuchar las porquerias propias de la cultura vallenata,sea como vecino,pues todo conjunto residencial que se respete tiene su asqueroso corroncho,como pasajero de cualquier servicio público urbano o rural,o simplemente como alguien a quien esa porqueria le persigue donde va.Si algún dia pasas por Bucaramanga,me entenderán….y lo sufrirán.

    Comentario por david — noviembre 27, 2007 @ 3:35 pm | Responder

  5. OK., los corronchos y todo eso, pero que me dicen de los cachacos vallenateros?, si cacachacos, esos que no saludan “aja, y tu que?”, en plena sabana de Bogota enfundados en tremenda ruana, o una costosa chaquetica de piel en algun bar “in” de la calera… o aqui en Antioquia ! si, eso me parece peor…

    Comentario por Natalia — noviembre 28, 2007 @ 11:52 am | Responder


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