Pienso y Existo

diciembre 19, 2007

La casa de los otros

Filed under: Azul — Wilmar Perez @ 8:48 pm
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Hace ya varios años que me fui a vivir a la casa de los otros, de los vecinos del barrio rico. Me hace falta mi familia pero voy a visitarlos de vez en cuando, les llevo regalos y galletas de crema que antes no podía comprar. La casa de los otros es muy distinta a la mía, es bonita y llena de cosas costosas que, al principio, no quería tocar por miedo a romper; recuerdo que cuando pequeño veía casas parecidas en la televisión pero creía que sólo eran cuentos y mentiras como las que me contaba mi papá cuando no llegaba el niño Jesús en diciembre. 

Diez años atrás llegué a mi vieja casa y encontré a mi hermana en el piso, llena de sangre, con una cortada profunda en la cabeza; la cargué en mis brazos y entre varios vecinos recogimos para llevarla al hospital en un taxi. Después de un rato los médicos la atendieron, le limpiaron la herida y me dijeron que tenía epilepsia. El seguro médico no cubría la droga ni tampoco cubría la operación de cirugía plástica que necesitaba para borrarle la cicatriz que le iba a quedar. Papá no había y mamá había muerto. Mi pobre abuela era sólo una sombra en la casa que se paseaba por las noches lamentándose de los dolores causados por la vejez. Dolores que no queríamos oír porque no sabíamos como curar. Ese día decidí que me iba a vivir a la casa de los ricos, así ellos no quisieran que yo entrara. 

Llegué una noche sigiloso y entré sin que nadie me viera, me acurruque en un rincón y me escondí varios días hasta que tomé confianza para salir y dejarme ver. Comencé pasando por la cocina, para ayudar a limpiar a cambio de unas papas y una hamburguesa. Los dueños de la casa no estaban muy contentos con la forma en la que llegué pero se acostumbraron a tenerme allí, al fin y al cabo yo limpiaba la cocina y el baño, arreglaba el jardín y cuidaba los niños cuando ellos querían salir a un restaurante o a encontrarse con los amigos de la secundaria. No me pagaban mucho pero me dieron una habitación en la parte de atrás de la casa donde nadie me viera, donde no me topara con las visitas. 

Tengo ahora mi habitación y un televisor de plasma que prendo un rato en las noches mientras me duermo. Ya puedo limpiar más habitaciones de la casa y, los fines de semana, ayudo a cocinar, lavo los carros y paseo el perro en las mañanas. El dinero que me dan lo mando casi todo a mi familia. Mi hermana se pudo operar la cicatriz y le alcanzó para ponerse tetas nuevas. Mi familia vive en un condominio en un gran apartamento, las tres tienen auto y salen a la discoteca con sus amigos el fin de semana. Hace tiempo quiero que estudien pero no se animan lo suficiente, dicen que así viven bien. A veces pienso que me debería mudar para otra parte pero las otras casas ya tienen quién les limpie. A veces quisiera volver al viejo barrio con mis hermanas pero allí no podría conseguir el dinero que necesitan ellas; además, unas tías me han dicho que necesitan mi ayuda, así que, por ahora, permaneceré un poco más aquí. 

En las mañanas me duelen un poco los huesos y siento pesadez en los ojos, pero luego pienso que estoy cumpliendo el sueño de vivir en la casa de los otros. Muchos en el viejo barrio me envidian y me mandan decir que les ayude a venir pero no es fácil y, además, no sé si les haga un favor. Esto es un círculo vicioso del cual me es difícil salir. A veces simplemente me siento cobarde y no soy capaz de irme. Sé que el primer bus de la mañana me sacaría de aquí pero ya me acostumbre a vivir así y no veo como pueda hacerlo de otra forma. 

Ayer llamé a la vieja casa, mis hermanas quieren un nuevo juego de comedor para Navidad. Si se los doy no podré ir a visitarlas este año, pero me da pesar dejarlas sin el juego de comedor, de todas maneras, si me quedo, el dinero extra me puede servir para el próximo año, al fin y al cabo, hay muchos gastos en la vieja casa. 

Estoy feliz de vivir en el sueño de mi barrio, estoy feliz porque a pesar de las frías paredes de esta habitación en el sótano, soy un héroe para mi familia y amigos. Ellos no quieren saber cómo vivo, ni falta que les hace, la fantasía que tienen es suficiente para su imaginación de pequeños niños de barrio pobre que ven brillar las luces del vecino mientras las brasas del fogón propio se mueven calentando un caldo de papa para celebrar la llegada de un nuevo día para buscar otra oportunidad de vivir en las casas donde comen cereal por desayuno y jamón en el almuerzo.

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5 comentarios »

  1. Este escrito me encanto. Que triste es sentir la desolación en medio de paredes de oro, pero que agradable sensación se debe sentir brindar ayuda a los demás sin pensar en uno mismo. Colombia es un país de contrastes, donde la desigualdad brilla en muchos aspectos. Que ironia nos brinda la vida cuando los menos favorecidos nos muestran muchas veces que en la miseria existe más dignidad que en aquellos que andan con cuellos blancos y corbatas.

    Comentario por Emilia Lucía — diciembre 21, 2007 @ 5:31 pm | Responder

  2. La humildad que se lleva con corage, abre los ojos al mundo, abre la comprensión de lo insolitas que resultan las preocupaciones humanas comparadas con la realidad de la tierra. Gracias Emilia.

    Comentario por darioperezb — diciembre 25, 2007 @ 1:26 pm | Responder

  3. Que lindo escribes Dario

    Comentario por Maria — agosto 11, 2008 @ 7:58 pm | Responder

  4. Parece q

    Comentario por leonardo — agosto 14, 2008 @ 7:00 am | Responder

  5. Parece que latinoamerica está igual por todos lados.

    Comentario por leonardo — agosto 14, 2008 @ 7:02 am | Responder


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