Pienso y Existo

diciembre 25, 2007

Living on a prayer

Cinco y treinta de la mañana, el horrible sonido del despertador que hace temblar los huesos retumba por toda la habitación, los ojos se abren apresurados y el cuerpo se apresura a saltar de la cama antes de cambiar de parecer. Treinta minutos para estar listo, una hora de viaje hacia el trabajo. Un documento para revisar, un informe que entregar o un corredor para trapear. Quince minutos de almuerzo en el escritorio o en el comedor corporativo. Llega la tarde eterna de reuniones, búsqueda de culpables o mil platos más para lavar. Seis de la tarde, dos horas para llegar a casa, cocinar algo, ver una hora de televisión, cerrar los ojos y esperar que de nuevo suene el despertador. Nuestra sociedad es el castigo de Adán en su máxima expresión. Nuestra sociedad nos castiga para que olvidemos el mundo y a nosotros mismos con la excusa de la productividad. ¿Será que cuarenta años de productividad económica para una empresa compensan cuarenta años de no vivir? 

El hombre usa muchas herramientas para su vida diaria, esta herramientas son empleadas para llevar a cabo tareas a conveniencia de su dueño. La mayoría de nosotros somos empleados que somos usados a conveniencia de los dueños de las compañías. Inclusive, para muchos empresarios, que no se creen empleados, Facundo Cabral, dice: “el hombre que se pasa la vida cuidando lo que consigue se convierte en esclavo de lo que consiguió”. De una u otra forma la sociedad nos convierte en sus esclavos, no hay escapatoria porque es la forma en la que la economía está construida y se ha desarrollado. No importa si el sistema es capitalista, socialista o comunista, no puede haber sociedad sin esclavitud, no puede haber bien común sin pérdida sustancial del bien propio. 

Si bien es necesario que todos trabajemos para suplir necesidades de otros y todos nos beneficiemos de la cadena productiva, la manera en la que hemos convertido el consumo en el objetivo primordial de la vida nos ha hecho olvidar que vivir es más que  trabajar 365 por 24. Los obreros deben empeñar sus vidas para conseguir una casa para sus familias, llevar pan a sus hogares y regalar algo a sus hijos en la Navidad, los profesionales son explotados con el pretexto de crecimiento y proyección. En cualquier caso, los mejores años de la vida se consumen intentando adaptarse al mundo y sobrevivir en éste. Tengo amigos que están dispuestos a trabajar veinte horas al día, durante toda la semana, creyendo que están comprando futuro cuando en realidad, a mi parecer, están perdiendo juventud. La historia se repite una y otra vez: padres que después de treinta años se dan cuenta que perdieron la oportunidad de estar con sus hijos en el momento apropiado, parejas que se dan cuenta que ya no se conocen, familias que se ignoran sólo porque están muy ocupados. 

Las teorías administrativas modernas pretenden vender la idea que los empleados son parte esencial de la compañía y que ésta se preocupa por ellos y los valora adecuadamente. Sin embargo, simplemente es una estrategia más para que el empleado se engañe a sí mismo y se crea, en realidad, importante, cuando la verdad es que es una pieza completamente reemplazable en el Lego® de la empresa. Para la compañía no existe el sueño, el amor o la esperanza; sólo existe la factura, finalmente eso es lo único que cuenta. 

A menos que se construya un sistema social nuevo, no hay manera de escapar del círculo vicioso que se ha creado entre el trabajo y el consumo. Sin embargo, existen maneras de mitigarlo. En primer lugar la formación escolar de los niños, adolescentes y profesionales debería brindarle a la persona una base cultural, política y deportiva que le permita explorar placeres diversos como la música, la pintura, el teatro, etc.; y que no tengan como única opción de esparcimiento el fanatismo deportivo (que no es lo mismo que el deporte), la “telebobelitis” y la borrachera del fin de semana. En segundo lugar, la sociedad debe dar el tiempo necesario para disfrutar de la vida más allá de la fabrica o la oficina, un horario de trabajo más corto, idealmente cuatro horas, sin embargo, inclusive seis horas ya serían una mejora considerable. Y, en tercer lugar, la sociedad debe aprender a respetar el tiempo libre y la vida de los individuos: el sentido de la urgencia debe llevarse a sus debidas proporciones de tal manera que no se asuma que el empleado está dispuesto a pensar en los asuntos laborales veinticuatro horas al día. 

Definitivamente no quiero consumir mi juventud mirando un puñado de cables que no tienen más sentido que facturar. Pasan los días y las semanas y lo único que espero es no caer en el hechizo de una falsa vida feliz comprada con un buen salario. El dinero es necesario pero el amor lo es aún más. Sólo hay que luchar por los sueños y aprender a diferenciarlos de los sueños de los otros que nos utilizan para cumplir los suyos.

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7 comentarios »

  1. Ojala pudiera todo el mundo tener el trabajo añorado para no pensar en malas remuneraciones, en horarios laborales explotadores, etc; pero lamentablemente hoy en día tener trabajo es un privilegio y pues como tal todo asumirlo. Creo que resulta más dificil perder una juventud desempleado, que ver los años pasar pero con trabajo.

    Comentario por Emilia Lucía — diciembre 26, 2007 @ 3:04 pm | Responder

  2. Yo quiero encontrar mi trabajo ideal. Si me pagaran por escribir, leer y escuchar a la gente, sería muy feliz. Vamos a ver si se me cumple el sueño.

    Comentario por Catalina Trujillo de la U — diciembre 26, 2007 @ 10:41 pm | Responder

  3. Catalina, estudia psicología, te pagarán por eso que dices.

    Desde hace ya varias décadas venimos asistiendo a la esclavización de las élites educadas, con el agravante que ni siquiera son conscientes del estado en el que están.

    Laboralmente estamos regresando de forma vertiginosa al siglo XVIII, con jornadas mayores a 12 horas diarias, sin pago de recargos nocturnos, dominicales o festivos. No es sino ver todos los contratistas del estado y el personal de empresas temporales.

    Nuestra sociedad ha reemplazado enfermizamente el alcoholismo por la adicción al trabajo (workaholics instead of alcoholics), con el mismo socavamiento de las familias por sus padres y madres ausentes, con el agravante de ser premiados y felicitados en sus empresas por su amplia dedicación en detrimento de sus seres queridos.

    Ser desempleado es un drama terrible, pero emplearse se convierte en la mayoría de los casos en un drama con dinero. Dirán que por lo menos se puede comer… pero no sólo de pan vive el hombre.

    Comentario por Isabel — enero 17, 2008 @ 9:25 pm | Responder

  4. Isabel, el punto que pones de relieve sobre la esclavización de las élites educadas es muy relevante. Muchas veces me he cuestionado si mejor valdría trabajar en un empleo más simple y vivir un poco más. La excusa de ser empleados de confianza es utilizada para el abuso donde el profesional termina siendo sólo una obeja en el rebaño que le teme a los dientes del perro que las cuida.

    Comentario por darioperezb — enero 18, 2008 @ 9:18 pm | Responder

  5. Considero que debemos tomar las riendas de nuestras vidas; ponderar nuestras razones de ser y estar, y disfrutar en cada momento los proyectos que llevamos acabo, disfrutar el trabajo, la familia, el amor el dinero, a nuestro Dios, etc.
    En un principio, Dios instruyó el trabajo y el ordenamiento divino fue de sol a sol,.
    Actualmente considero que la tecnología debió de haber colaborado para que las jornadas laborales se redujeran, pero resultó todo lo contrario. Mi experiencia personal indica que las jornadas cortas permiten hacer al trabajador mas productivo, sin embargo existen actividades que requieren mayor dedicación. Concuerdo con la idea de que el trabajo debe ser un medio de subsistencia, mas no la razón de vivir.
    La “urgencia” debe ser erradicada en todas nuestras acciones, puesto que todas las actividades pueden ser previstas y planeadas de manera tal que se puedan atender con eficiencia, claro siempre y cuando no perdamos de vista que el tiempo para trabajar debe ser maximizado.

    Comentario por DAVID — febrero 11, 2008 @ 3:21 pm | Responder

  6. Estaba hablando con un amigo sobre tu blog. Él lo estuvo leyendo y me contó de varios posts que le llamaron la atención. Entre otros, me habló de éste.

    Volví a leerlo y recordé la noche en que estábamos en Arcángel y me dedicaste Living on a prayer de Bon Jovi. Fue hermoso y más aún todo lo que dijiste sobre nosotros y el futuro que tenemos planeado.

    Gracias. Un abrazo.

    Pd.. Ayer cuando hablábamos con Óscar y él nos transmitía todas sus buenas energías me sentí muy bien. Es bueno cuando los amigos comparten nuestros sueños y les hacen fuercita.

    Comentario por Catalina Trujillo de la U — marzo 26, 2008 @ 12:22 pm | Responder

  7. Saberse que las canciones dedicadas ni los sueños compartidos son originales. Nadie es único, nadie es el primero y tampoco el último.

    Comentario por Extrovertido — febrero 7, 2009 @ 11:21 am | Responder


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