Pienso y Existo

marzo 12, 2008

Gatos azules

Filed under: Azul — Wilmar Perez @ 4:51 pm
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Recuerdo, como si lo hubiese vivido esta mañana, escuchar una canción en la radio mientras jugaba en el patio de la casa con el pastor alemán que en esa época teníamos. La vieja canción hablaba sobre un gato triste, un gato azul que aparecía ligado a nostalgias de amores pasados y lagrimas derramadas. Durante muchos años intenté comprender el dilema de los gatos azules sin lograr enlazar el sentimiento de tristeza con el color del gato, quizá porque sin importar que tan grises sean los días, durante la niñez todo se llena de luz y mundos imaginarios lejanos a la realidad. Tiempo después logré asociar el azul de la melancolía al blue de los ingleses e, inclusive, al blues de los afroaméricanos, sin entender aún si en portugués también había alguna asociación similar que se hubiese enredado entre letras españolas que permitió algún día danzar a un brasilero al ritmo de una pandereta para deleite de jóvenes de cabello largo y pantalones de bota ancha. 

El tiempo ha pasado y me ha dado la oportunidad de ser testigo de momentos históricos de los que algún día se hablará en los textos de colegio y de los cuales los alumnos tengan que hacer ensayos y quizá disertaciones en clase. El tiempo ha pasado y ha dejado caer sobre mí mil gatos azules que a fuerza de arañar mí piel y mis sueños me han ayudado a comprender las palabras de la canción.  Durante estos días que la nostalgia me invade intento reflexionar sobre el inconformismo eterno que embarga al ser humano. ¿El inconformismo será acaso bueno para no quedarnos estancados en un punto singular de espacio tiempo?, o ¿será ese inconformismo el que no permite que disfrutemos a profundidad los logros obtenidos para, en cambio, tener siempre esa sensación permanente de vacío en el alma? 

Esta mañana, durante un recorrido de casi dos horas para llegar al trabajo, tuve tiempo para pensar entre semáforo, parada, semáforo y espera eterna en la cola del tráfico de la ciudad.  Una hora y cuarto en autobús, 15 minutos en taxi y luego 20 minutos caminando para meterme a un cuarto frío, sin ventanas, lleno de ruido y computadores que calculan inermes el destino de miles de personas.  Mientras a mi lado, la ciudad celebra el más grande festival de teatro del mundo, que de todas formas los pobres no pueden disfrutar, yo estoy encerrado en cuatro paredes esperando que me conecten un cable para continuar mi trabajo. ¿Será ésta la evolución del hombre o it’s evolution baby 

Al igual que muchas personas, he venido siguiendo el trámite práctico de la vida: estudiar, crecer, trabajar, producir, dejando algunas noches y espacios de tiempo perdido en el limbo para vivir. He caído en la maldición de disfrutar la parte científica lo que hago que, para provecho de la multinacional para la que trabajo, se traduce en miles de dólares de ganancias para los inversionistas. Disfruto la tecnología que me esclaviza, disfruto la ciudad que me acorrala y asfixia, disfruto las responsabilidades que me ponen más cerca a caer fulminado por la herencia  familiar de problemas coronarios. Si disfruto todas esas cosas, ¿por qué me veo rodeado constantemente de gatos azules que marcan su territorio rozándome las piernas con sus cuerpos acolchados y largos bigotes?

Jugando con pedazos de melancolía que se me han ido cayendo mientras escribo este post, recuerdo que alguna vez en otro escrito me quejaba de las extenuantes jornadas de trabajo y el poco tiempo libre que ofrece la sociedad actual; Emilia Lucía replicaba, con toda razón, que, dada la situación de este país, era un lujo tener un contrato laboral. Desafortunadamente esta triste situación nos lleva a que, como dice Facundo Cabral, la economía suba pero el hombre baje. Pensando en las palabras de Emilia, me reprocho a mi mismo por quejarme ante la vida cuando mi situación comparativa con la mayoría de la población colombiana es bastante buena: tengo una profesión y tengo un trabajo esclavizante pero estable. El círculo está a punto de romperse y eso me da fuerzas para continuar. Agradezco, sin embargo, la inconformidad que es la que me ha ayudado a alejarme de aquél Pueblo Blanco y que me llevará a la orilla del mar para reír o mezclar la sal del llanto con la del océano. 

Felinos azules por todos lados caminan con nosotros, riéndose irónicamente de una sociedad que se alimenta con Prozac, cocaína y alcohol. Me inyectare unos cuantos cuentos de Dickens en dosis concentradas y quizá unas gotas de Stevensons para continuar alimentando la imaginación de tesoros escondidos como doblones del corazón.

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4 comentarios »

  1. El gato que está en la obscuridad sabe que en mi alma una lágrima hay… Esa canción es una de mis favoritas, eso tú lo sabes bien.

    Ya termina este mes largote y vuelves a casa con tu flaquita. Te amo. Besos.

    Comentario por Catalina Trujillo de la U — marzo 12, 2008 @ 5:35 pm | Responder

  2. Gatos azules….azules o de cualquier color, enseñan con su tranquilidad pero tambien con su soledad e independencia.
    Creo que el inconformismo lo genera el tiempo, la rutina y la vida….pero somos tan inconformes que queremos alcanzar nuestra propia perfeccción, que en últimas no existe, porque en todo sentido siempre habrá alguien o algo en los extremos que nos lleve a pensar en lo alto o bajo que estamos. Somos seres humanos, tan humanos como los gatos que se refujian en sus sueños y pasan sus días así comiendo y durmiendo.

    Comentario por Emilia Lucía — marzo 13, 2008 @ 11:11 am | Responder

  3. Ay Emily, tus gatitos. Son hermosos. Todavía tengo las fotos y no veo la hora de conocerlos. Un abrazote pa’ vos.

    pd.. Y uno muy grandototoe para el dueño del blog… montonononones… you know.

    Comentario por Catalina Trujillo de la U — marzo 13, 2008 @ 9:54 pm | Responder

  4. ¿será ese inconformismo el que no permite que disfrutemos a profundidad los logros obtenidos para, en cambio, tener siempre esa sensación permanente de vacío en el alma?

    Pues más vale tener el gato triste y azul de la vieja y hermosa canción de Nicola di Bari que tener el alma llena. Es aquí donde comienzan los peligros. Creo que hay que saber regocijarse de lo que hacemos o de lo que hemos conquistado, pero no tanto como para perder el inconformismo. Este es tanto más necesario cuanto más establecidos estemos. Y Stevenson o Dickens siempre estarán allí para salvarnos.

    Comentario por tajalápiz — marzo 21, 2008 @ 11:27 am | Responder


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