Pienso y Existo

marzo 16, 2008

TLC a lomo de mula

El gobierno colombiano viene impulsando la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos desde hace varios años y, dadas las circunstancias actuales, es posible que éste sea ratificado en poco tiempo por el congreso norteamericano.  Si bien el TLC no es la panacea que generará miles de empleos e impulsará el crecimiento económico del país, tal como lo promocionan los empresarios y el mismo equipo de la Casa de Nariño, su no aprobación si puede tener un fuerte impacto sobre el crecimiento económico y por ende sobre el mejoramiento de la calidad de vida de los colombianos. Si bien hasta ahora el país se las ha arreglado sin este tipo de acuerdos, en el globalizado esquema actual, es prácticamente imposible mantenerse competitivo sin ellos en el complejo escenario mercantil internacional. El Gobierno le apuesta a las bondades esperadas del TLC pero no se preocupa por dotar al país de una infraestructura que le permita movilizar mercancías con la eficiencia, cantidad y eficacia necesarias para responder a las demandas impuestas por un aumento masivo de productos de importación y exportación transados en un escenario de comercio sin barreras. 

La infraestructura de carreteras del país es absolutamente vergonzosa, las principales vías son de un solo carril y prácticamente ninguna de las carreteras llamadas troncales es doble calzada.  A esto se le suma la dificultad inherente de la topología colombiana que, en conjunto con las inusuales temporadas de lluvias que estamos teniendo como producto del calentamiento global, genera permanentes bloqueos en las vías debido a derrumbes y desnivel de la banca. Quizá las carreteras son el medio más incluyente para unir a la población pero no resultan ser el más eficiente para el trasporte de grandes cantidades de mercancía. Colombia desafortunadamente no cuenta con un sistema férreo, debido a que, el, en su momento, ministro de trasporte, Virgilio Barco, presentó el proyecto de desmantelar los ferrocarriles ante el Congreso, sin importar el sacrificio que miles de obreros habían hecho durante décadas para atravesar las  inhóspitas montañas del país; como premio a su “brillante” gestión el pueblo colombiano lo erigió años después como presidente de la nación. 

Los puntos principales de recepción y envío de mercancías: puertos y aeropuertos son a todas luces ineficientes e insuficientes para el comercio actual, sin mencionar, que se presentan casi ridículos frente a las exigencias de un sistema comercial de la envergadura que implica no sólo el tratado con estados unidos sino aquellos que se puedan ir consolidando en un futuro. Los principales puertos del país: Buenaventura y Barranquilla, no tienen la capacidad de recibir buques de gran calado y sus vías de acceso no son capaces de recibir una afluencia masiva de vehículos de carga, especialmente el puerto que da salida al Pacifico, frente casi olvidado por los empresarios colombianos y el mismo gobierno. Por su parte, el principal aeropuerto del país, El Dorado, cuenta con dos únicas pistas que le dan servicio a vuelos nacionales e internacionales. Lo cual tiene como resultado un permanente atraso en los planes de vuelo. Los demás aeropuertos no tienen la infraestructura necesaria para sostener altos niveles de carga. 

Ante todos estos problemas, el Ministerio de Trasporte y el de Comercio no presentan soluciones rápidas para enfrentar las exigencias de ingresar a un comercio globalizado. Normalmente estás inversiones le corresponderían directamente al gobierno, sin embargo, ante las perspectivas de disparar, aún más, el gasto fiscal en el país, y con ello la inflación, lo más razonable es licitar las grandes obras que necesita el país y que estas operen bajo sistemas regulatorios diseñados por diferentes entidades estatales, de manera que se garantice el cobro regularizado de los fletes correspondientes y se controlen posibles abusos en tarifas que los operarios privados puedan realizar. 

No se puede continuar con la irresponsable labor de “ensillar sin tener el caballo”, costumbre que los gobiernos populistas y politiqueros han venido realizando durante tantos años en el país. La visión consistente y global de un comercio organizado debe ser consecuente con su impacto sobre millones de personas que dependen del mismo y, además, con la gran influencia que tiene sobre la viabilidad fiscal y administrativa de la nación.

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5 comentarios »

  1. El TLC tiene amigos y enemigos, sin embargo no puede negarse que es una tendencia económica y que traería (si estuviéramos preparados), grandes beneficios para el país.

    Es incierto lo que pueda suceder con la firma. Pero la realidad que relatas es innegable y nos da luces de lo que puede venirse. No tenemos capacidad de respuesta a las exigencias de un TLC.

    Pero ya nos metimos en el cuento y toca sacarlo adelante. Ojalá haya voluntades suficientes para que no se nos venga en contra la firma del tratado.

    Comentario por Catalina Trujillo de la U — marzo 16, 2008 @ 11:30 pm | Responder

  2. El TLC es de esos acuerdos en los que muchos disponen sin medir consecuencias, evidentemente puede traerle buenas ventajas al país, pero tambien desmenbrar otros campos.
    Si se llega a firmar el tratado en su totalidad esperemos que sea para bien, para no tener que padecer en próximos años las medidas de otro error más.

    Comentario por Emilia Lucía — marzo 17, 2008 @ 8:11 am | Responder

  3. Como dice la canción : malo si sí, malo si no. O lo contrario. El TLC es ineluctable, pero lo que deberíamos tener en cuenta es que negociar con los gringos es negociar con el diablo. Si no, que se lo pregunten a los indígenas y campesinos mexicanos.

    Comentario por tajalápiz — marzo 24, 2008 @ 7:01 pm | Responder

  4. Antes que nada quiero felicitarte por la idea del blog. Vine por la recomendación que hizo Cata y después de leer algunos de los últimos post debo decirte que estoy de acuerdo en muchos de los problemas y soluciones que proponés.

    Con respecto a este post en particular, la verdad es que hace rato me aburrió todo el tema de política y tratados internacionales. Demasiado garrón nos comimos con el Mercosur y lamentablemente a los países de América del Sur les falta mucho para llegar a ser la sombra de uno europeo, políticamente hablando.

    Lo que decís de las rutas colombianas es cierto. Me tocó sufrirlo cuando viajé por allá y hubo tramos (que supongo neurálgicos para la economía del país) como el de Pasto a Popayán y el de Bucaramanga a Cúcuta que eran realmente terribles, y en partes hasta daban miedo. Pero no sé si la concesión a manos privadas de los caminos sea una solución. Al menos acá no he visto buenas administraciones privadas, cosa que sí vi en Chile, donde las rutas son realmente fabulosas.

    sevemos

    Comentario por Poio — marzo 25, 2008 @ 1:12 pm | Responder

  5. A pesar de que los temas políticos se tornan latosos, la verdadera democracia tiene cabida siempre y cuando los individuos se interesen por su suerte y no la dejen al albedrio de grupos con intereses particulares. El TLC es uno de esos temas en los que, por excelencia, cada grupo tiene opinión de acuerdo a lo que puedan ganar económicamente. Gracias a todos y bienvenidos Tajalápiz y Poio.

    Comentario por darioperezb — marzo 26, 2008 @ 11:16 pm | Responder


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