Pienso y Existo

junio 7, 2008

Siete segundos

Filed under: Mapamundi — Wilmar Perez @ 2:19 pm
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Siete segundos después de haber visto su alegre rostro caribe iluminado por la alegría rítmica con que la naturaleza compensó a aquellos que  llevan en la sangre los años acumulados de razas sobrevivientes de las galeras y las montañas nevadas a orillas del mar, comprendió que no había cadenas que evitaran estrujar sus cuerpo sobre las arenas traídas de contrabando a través del canal de la cintura del mundo. Grilletes tan largos como imaginarias serpientes marinas ancladas a las históricas piedras del Castillo de San Felipe para, al otro extremo, aferrarse con tenacidad a exclusas que sin parar le hacen trampa a la naturaleza y cargan entre sus brazos enormes cruceros y cargueros provenientes de rincones conocidos sólo por los recuerdos de Magallanes y Marco Polo. Historia de amor del magnifico ombligo Caribe convertido en la Estambul americana por la obstinación francesa y el oportunismo norteamericano. Historia de ciudadanos del mundo atraídos a estas tierras por el magnetismo del dólar y la magia de esa mujer que en vez de corazón tiene una tambora para llevar notas musicales por sus venas e intoxicar con su mirada a los fríos corazones del norte que buscan desesperados el calor tácito del trópico.

 

Dejaron su tierra tras la obstinada búsqueda de oportunidades que su país nunca les ha brindado. Llegaron separados a ese pedazo de la América central que descansa sobre la impenetrable selva del Darién y sostiene en su espalda al resto de pequeñas naciones que forman un rompecabezas que llega hasta las ruinas del gran imperio Azteca. Panamá, hijo prodigo de aquella Colombia que ha dejado perder algunos de sus mayores tesoros a cambio de espejitos de colores, es uno de los principales centros de negocios del planeta. Millares de barcos deseosos de evitar las aguas de los pingüinos al sur y los enormes icebergs del norte, llevan sus estómagos repletos de mercancías de la más variada índole, al otro lado del mundo, a través de aguas permanentemente forasteras entre selvas otrora inhóspitas. Como en la vieja Jerusalén, los extranjeros son la cotidianidad, la fusión de culturas, acentos e idiomas son los ingredientes que le dan sazón al caldo que da vida al encanto del alma panameña donde sus extrovertidos locales se las arreglan para vivir, casi por extensión, del comercio y sus terribles bondades.

 

En medio del laberinto de la nueva vida, los hilos de sus existencias se entrelazaron a pesar de las hilachas sueltas que aún a cada uno de ellos los amarraban a otros seres igualmente habitantes cosmopolita de una tierra que ahora llaman hogar. A escondidas, a hurtadillas, aprovechando la disculpa de las peleas del día a día en esas relaciones formales se dejan llevar por la pasión que sale de las caderas y mueve la pelvis al ritmo electrónico de la rumba trasnochada por ron caribe y químicos europeos. Aliento sobre su boca, aliento sobre cuello bañado de sudor se convierte en transpiración de placer que sirve de alcaloide para el miedo de perder la seguridad de los recursos necesarios para vivir, comer y dormir en medio de un planeta al que ya no le basta un amanecer, un plátano frito y el olor del agua de coco al anochecer. Escondiéndose entre calles para evitar la petición policial de documentos los amantes se ocultan bajo el ritmo de la música entre sábanas prestadas y gritos de alegría ahogados por la realidad.

 

Panamá, city of blinding lights, es una joya custodiada con recelo y anhelada por muchos. Centro comercial de las américas donde las tarjetas de crédito escupen recibos sin parar y subyugan un poco más al hombre al mercado financiero. Panamá, ciudad encantadora, sólo un toque de su vida no es suficiente para entenderla, pero el corazón humano se enriquece por amor o pasión para enseñarnos a vivir en las arenas movedizas de un tiempo que parece correr más rápido a medida que un nuevo crucero atraviesa la exclusa de Miraflores iluminada por el flash de las cámaras turistas de aquellos que quieren untarse, como un remedio, la alegría y el agridulce de un pueblo donde el balboa y el dólar se confunden en el imaginario popular.

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2 comentarios »

  1. Panamá uno de esos países que se enorgullese por ser destino de visita turística, de compras para algunos por doquier, los bolsillos afloran ante tanta mercancia.
    Barcos grandes, cruceros que llegan y van, quizá un destino especial….que se consume entre el mercantilismo y el afán de subsistir.

    Comentario por Emilia Lucía — junio 8, 2008 @ 11:52 am | Responder

  2. Es verdad Emilia. Hay dinero por doquier y sonrisas reales o de plástico en el ambiente. Es un ambiente mágico sonde también los inmigrantes colombianos se esconden a la sombra de los billetes verdes.

    Comentario por darioperezb — junio 16, 2008 @ 1:39 pm | Responder


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