Pienso y Existo

agosto 17, 2008

Dictadura constitucional a la colombiana

Filed under: Realidad — Wilmar Perez @ 11:21 pm
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La historia de los pueblos está plagada de errores de buena voluntad, errores que, mirados desde la perspectiva de generaciones futuras, parecen absolutamente ridículos pero, sin embargo, no fueron detectados por los habitantes de los pueblos o las culturas que cometieron dichos errores. Sólo para nombrar, quizá uno de los casos más famosos y con mayor repercusión, basta recordar la dictadura fascista alemana que, mezclada con otros factores, causo la reanudación de la Primera Guerra Mundial en lo que ahora conocemos como Segunda Guerra Mundial, cuyo fatídico resultado es bien conocido. Hitler no llegó al poder alemán por un golpe de estado sino con la aprobación de Hindenburg y Reichstag, a través de un engaño pero sin la figura de una derogación violenta del gobierno. Aprovechando la deteriorada moral alemana, herida de muerte con las ominosas condiciones impuestas en el Tratado de Versalles, Hitler logró consolidad su imagen de salvador ante el pueblo teutón.

 

Bajo el gobierno de los nacionalsocialistas Alemania vivió una de sus mayores expansiones de producción industrial sobre la base del rearme y un artificio económico conocido como deuda de flotación. La tasa de desempleo se redujo notablemente gracias a la producción de armamento y el reemplazo de puestos de trabajo femeninos por mano de obra masculina. Hitler, además, mejoró notablemente la infraestructura alemana, concentrando esfuerzos enormes en represas, autopistas, ferrocarriles y otras obras supervisadas por Albert Speer. Se puede ver, por tanto, que no había razón para que el pueblo no tuviera una gran admiración, respeto y confianza en su líder que, inclusive, contribuyó a la creación del Volkswagen Beetle con su idea de que cualquier ciudadano pudiera tener un automóvil. Si bien había rumores de los métodos poco ortodoxos que el partido del Führer utilizaba para eliminar aquellas personas opuestas a su idea o potencialmente peligrosas para el régimen, el hombre del común se contentaba con ver una economía boyante que le permitía alimentar a su familia e, inclusive, elevar su nivel de vida a esferas que antes no podía alcanzar. Hitler concentró todo el poder de la nación en su figura dejando prácticamente de “adorno” a las demás ramas del poder público, incluyendo la manipulación de la moneda para permitir la financiación de los programas de gobierno a pesar de la inflación desbordada que esto representaba y que sólo puedo ser compensada con el oro hurtado posteriormente a las naciones anexadas.

 

Colombia lleva más de medio siglo de violencia que, si bien, comenzó a principio del siglo XX con la Guerra de los Mil Días y su precedente Guerra de los Conventos; se recrudeció con el asesinato de las esperanzas del pueblo representadas en Jorge Eliécer Gaitán. Desde ese momento los colombianos han soportado una guerra interna negada constantemente por el Estado pero cuyas consecuencias en desapariciones forzadas, asesinatos políticos, desplazados y violencia colateral es evidente. Después de tanto tiempo de conflicto, Colombia no quiere saber nada más de secuestros y atentados terroristas, por tanto, la aparición de un líder que parece estar acabando con el poder acumulado por las FARC gracias a los años de desidia de los gobiernos de turno y el narcotráfico, representa una esperanza no sólo para el ciudadano común sino para los empresarios nacionales e internacionales interesados en aprovechar el prometedor mercado colombiano.

 

Es perturbador seguir, desde hacer varios meses el conflicto entre el Gobierno colombiano y otras instituciones del Estado. El presidente Uribe y La Corte Constitucional se han embarcado en una serie de jugadas políticas para desacreditarse mutuamente y, lo más preocupante, es que ambos lo están logrando. Uribe también cuestiona constantemente las políticas monetarias del Banco de la República cuando no se necesita ser un gran economista para comprender que es preferible un crecimiento económico menor que una inflación desbordada; sin embargo, para empresarios de vista cortoplacistas y un Gobierno con aspiraciones electorales, resulta políticamente menos rentable el crecimiento moderado en la economía que el desborde de la inflación.

 

El mayor problema con los desacuerdos entre el Gobierno y otras instituciones es la alta aceptación y credibilidad que el Presidente tiene entre la población, de tal manera que todo el que se atreve a criticarlo o contradecirlo inmediatamente queda satanizado y termina perdiendo el respeto ante la figura contundente del Actual Jefe de Estado. Guardando apropiadamente las distancias entre Uribe y Hitler y entendiendo que la comparación que aquí se hace es entre los peligros de la concentración de poder en un líder y no entre dos personas de corte muy diferente, es conveniente decir que Colombia corre el peligro de enceguecerse ante el carisma de un hombre olvidando los problemas que aún están por resolverse en la nación y cuya solución depende de un Estado sólido en todas sus ramas del poder y la independencia de sus instituciones.

 

Reconociendo el esfuerzo que el actual Gobierno colombiano ha hecho para mejorar la seguridad y el efecto que esto ha tenido en la economía y la confianza en la inversión, es necesario que los colombianos sean más críticos y comprendan que las bases del desarrollo permanecen en estados sociales de derecho, que puedan mantener una división entre las ramas del poder, que tengan respeto por las instituciones y haya dinamismo y oposición política. Perder foco sobre alguno de esos tópicos puede provocar que lo que es una democracia se convierta en una dictadura de hecho, disfrazada tras unas elecciones populares conducidas por un pueblo que no analiza sino que se limita a seguir los pasos de un líder carismático.

 

Colombia debe crecer no sólo económicamente sino como nación donde su constituyente primario sea capaz, en realidad, de entender su futuro y como llegar a él a través de metas y métodos orientados al largo plazo y no sólo a través de reacciones coyunturales.

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4 comentarios »

  1. Yo no creo en que perpetuar el poder del Presidente Uribe sea una buena estrategia para el país, es cierto que hay que seguir lineas, como el caso de la seguridad democratica, pero ¿que sacamos teniendo un país supuestamente seguro, si la población colombiana del común es la que cada día se consume con tantos otros males sociales que nos aquejan?.
    Ojala a la hora de una nueva elección presidencial la gente reflexione con razón y no se deje llevar por la esencia “carismatica” de Uribe.

    Comentario por Emilia Lucía — agosto 18, 2008 @ 10:29 am | Responder

  2. Emilia, estoy de acuerdo contigo: sería útil para Colombia que su población fuera más crítica y menos emocional. Sin embargo, yo soy pesimista con eso porque todas las evidencias muestran que las masas se irán tras su líder sin mayor análisis. Muchas gracias y un abrazo.

    Comentario por darioperezb — agosto 20, 2008 @ 7:11 am | Responder

  3. Si es verdad, y me parece muy bien reconocerlo, que el gobierno de Uribe ha logrado con la seguridad “democrática” (aunque esto habría que analizarlo más en detalle) la presencia del Estado en todas aquellas zonas que fueron abandonadas a la guerrilla y a los paramilitares durante periodos anteriores, lo que se necesitaría ahora es que el Estado reaparezca (o renazca) bajo otras formas: educación, salud, bienestar social, democracia. Y (como diría el personaje de un antiguo dibujo animado) eso mi pequeño Adams es otra historia. Comparto el pesimismo.
    Como de costumbre es un gran placer leerlo.

    Comentario por Tajalápiz — agosto 28, 2008 @ 4:43 pm | Responder

  4. No sé qué pasó con el comentario que había hecho, los misterios de la red, supongo.
    Comparto el pesimismo de Dario (que siempre leo con placer), los colombianos (no todos) han recuperado las carreteras y los fines de semana, pero paradójicamente, pese a los avances en la justicia, las instituciones son fragilizadas por el mismo presidente que sale ganando y confortando su prestigio. El Estado, como lo dices, debe reforzarse pero no sólo con la presencia del ejército, sino de la Educación, la Salud, el Bienestar social, la democracia y eso parece cada vez más lejano.

    Comentario por tajalapiz — septiembre 2, 2008 @ 4:17 pm | Responder


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