Pienso y Existo

marzo 1, 2009

La cátedra de Seth

Filed under: Realidad — Wilmar Perez @ 6:49 pm
Tags: ,

En las democracias modernas el constituyente primario tiene el derecho y obligación de elegir y fiscalizar a sus gobernantes para garantizar que éstos actúen, de manera ética, eficiente y oportuna, frente a las necesidades y problemas de su pueblo. La intervención del “elegido” en los aspectos decisivos de la política y la administración estatal deben ser acordes con un comportamiento moral ejemplarizante, como, por ejemplo, aquel que dicta que el capitán es el último en abandonar el barco. Debido a que, por naturaleza, el hombre puede crear, fácilmente, un sistema paralelo de valores con el fin de alcanzar metas personales que, erróneamente, él cree son las metas de toda la sociedad; los miembros constituyentes de cada democracia deben crear mecanismos de control que levanten voces de alarma cuando alguno de los poderes se extralimita o comienza a difuminar las fronteras de lo debido y no debido. Cuando los mecanismos de control fallan,  los gobernantes se vuelven arrogantes y dictatoriales. Cuando los gobernantes fallan y el pueblo los tolera, es todo el conjunto social el que, irremediablemente falla, llevando el mundo a situaciones extremas de tolerancia de los abusos como el fascismo, el apartheid y el racismo, solo por mencionar una cuantas.  El DAS-gate colombiano de esta semana es, claramente, el resultado de la tolerancia extrema que el pueblo ha tenido hacia las medidas extremas de su administración, con la excusa de combatir al “enemigo portador de todos los males” cuando, en realidad, el verdadero enemigo del desarrollo colombiano está en la perpetuidad de ese tipo de comportamientos gubernamentales a través de los años eternos del periodo post-guerra de Los Mil Días.

 

En Colombia se esbozó esta semana  uno de los escándalos más graves de toda su historia: la interceptación de llamadas telefónicas de diferentes sectores de la sociedad por parte del principal organismo de inteligencia del Estado. Digo se esbozó porque ante tan grave asunto el cubrimiento (¿o será mejor decir encubrimiento?) de los medios de comunicación fue vergonzosamente pobre. Ante escándalos similares se han caído gobiernos incluyendo el de la economía más poderosa del mundo, la norteamericana en la época de Nixon.  Increíblemente, el presidente, sus ministros y consejeros salen rabiosos a pregonar a los cuatro vientos lo atroz que es ese asunto y que, “por supuesto”, todo ha sido hecho a espaldas del primer gobernante; lo cual deja muy mal parado al mismo al admitir que no tiene el control de la inteligencia del país. El gobierno actual colombiano es la típica representación del estereotipo latino, es decir, aquel que siempre esta tratando de sacarse en limpio diciendo que si se estaba cayendo el mundo a él no le contaron y por tanto no podía hacer nada para evitarlo.

 

Con un Senado en el cual una gran parte de los representantes del Gobierno están siendo investigados por para-política, directores de entidades centrales del Estado investigados por lo mismo o por asuntos relacionados con corrupción, con asesores presidenciales que son cogidos con “las manos en la masa” armando complots contra los detractores del presidente y con un botín burocrático que se incrementa exponencialmente; Colombia se aproxima a ser un país Kafkiano donde el absurdo es el patrón de comportamiento porque se ha convertido en la realidad nacional.

 

Lo más grave no es que en una democracia surjan fallas y se encuentren personajes sedientos de poder, dispuestos a hacer cualquier cosa por mantener el mando; lo más grave es que los ciudadanos continúen haciéndose los de la vista gorda con los constantes escándalos que rodean el ejercicio presidencial. Salir de la “zona de confort” es una experiencia difícil que parece nadie está dispuesto a asumir en un país donde se construye una bomba de tiempo que a fuerza de no estallar está destruyendo a pedazos un pueblo que ve como una generación detrás de otra termina en las manos de la misma corrupción y donde el mismo y perpetuo Macondo se ve empolvado como el día que José Arcadio Buendía le compró el hielo a los gitanos.

Anuncios

1 comentario »

  1. Es cierto que Colombia es un país macondiano, lleno de historias que de lo crueles e irreales se convierten en mágicas y difíciles de creer.
    El caso del DAS-gate es tan real como tal vez sea la culpa de muchos altos mandatarios de turno en él, no creo que los medios hayan polarizado el hecho, al contrario, algunos medios quisieron ir más allá, delatar, revelar y simplemente fueron callados…
    Es dificil generalizar cuantos ciudadanos les interesa este hecho y lo ven como un desastre para el Estado y para el país en general, pero si estoy segura que gran parte de los ciudadanos, hubiesemos querido que el caso llevará a la destitución hasta del presidente, pero como aca todo quedá impune, la salida más fácil fue la que el gobierno propuso: “cerrar la entidad”.
    Así es Colombia tan mágica y absurda como Macondo.

    Comentario por Emilia Lucia — marzo 4, 2009 @ 3:54 pm | Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: