Pienso y Existo

mayo 2, 2009

Coincidencias forzadas

Filed under: Realidad — Wilmar Perez @ 4:59 pm
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La constitución política colombiana de 1991, a pesar de la pesada carga política que tuvo que sostener, logró regular los tres poderes estatales de tal manera que hubiese un sano equilibrio entre el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Para un país tan politizado como Colombia, es de vital importancia el equilibrio de los poderes que gobiernan la nación. Sin embargo, debido al fenómeno Uribe y la descarada politización del Ejecutivo, se aprobó la reelección presidencial para un único periodo adicional. Ahora, de manera aún más descarada se comienza a abrir camino la aprobación de una nueva reelección presidencial desequilibrando peligrosamente el delicado balance de poderes. Coincidencialmente el día que se aprobó, en primer debate, el proyecto de referendo, también se atrapo a alias Don Mario, de tal manera que la noticia de la aprobación paso a un segundo plano y no pasó de ser una nota corta en los mediocres noticieros colombianos. ¿Coincidencia o cortina de humo?

 

La reelección presidencial en sí no es mala porque un período presidencial de cuatro años es demasiado corto para una nación con problemas de la dimensión que el “país del Sagrado Corazón” tiene.  Sin embargo, al cambiar la constitución con este fin se debería haber hecho una reforma constitucional integral que contemplara los periodos del Procurador General de la Nación, el Fiscal General (por defecto este funcionario es de ingerencia directa de la Presidencia), el Contralor de la República, la Junta Directiva del Banco de la Republica y la Corte Constitucional. Tal cual como está la reforma actual, el Ejecutivo tiene una alta incidencia sobre el nombramiento de los funcionarios descritos. Con un tercer periodo, la incidencia del Presidente sobre el nombramiento de los  funcionarios de los organismos de control que constituyen las bases de la democracia en la nación, serán de tal proporción que más que un presidente se tendrá un dictador constitucionalizado.

 

Si el Ejecutivo injiere los organismos de control, ¿qué garantía hay de mantener un comportamiento transparente en el  Gobierno? Si el Ejecutivo controla las políticas monetarias del país, ¿cómo se garantizaría una administración juiciosa de la inflación, el papel moneda y las tasas de interés? Si el Ejecutivo controla los organismos que garantizan la constitucionalidad de las leyes aprobadas en el Congreso, ¿quién garantiza que se respete el espíritu de la Constitución Política colombiana? Desafortunadamente, el pueblo colombiano sufre de el efecto de fascinación hacia un mandatario, que muchas otras veces se ha presentado en la historia con consecuencias desastrosas: Mussolini y Hitler gozaban de amplio respaldo popular, Papa Doc creo un culto de proporciones enormes alrededor de su persona y George Bush era apoyado por miles de norteamericanos, inclusive después de todas las equivocaciones cometidas en su mandato. El respaldo popular no garantiza la integridad ni las buenas intenciones de un gobernante.

 

Aún más peligroso que los mecanismos poco ortodoxos e, igualmente, poco claros con que se está buscando un nuevo periodo presidencial de Uribe, es muy peligrosa la creación de leyes con nombre propio. Las leyes deben crearse de manera abstracta, alrededor de conceptos, ideas y filosofías políticas y/o económicas, las leyes no deben girar alrededor de las características de un mandatario. La discusión no es si el actual presidente es bueno o malo, la discusión se debe centrar alrededor de la conveniencia de periodos presidenciales extensibles a 12 años en un país donde la política no ha madurado más allá de las confrontaciones de la chusma de principios del siglo XX o las envidias de los Criollos durante la Independencia. La política colombiana es una colección de “casicazgos” que giran alrededor de prebendas y adjudicación de contratos.

 

Quizá el acto más descarado de todo el proyecto de nueva reelección sea la manera en la que se juega con el pueblo y se ignoran todos los valores éticos y morales. Hay dudas sobre la financiación de la recolección de firmas, es decir, en principio la discusión ya esta viciada de hecho pero, aún así, se continúa la aprobación con discusiones de juguete de un proyecto que busca la creación de un virreinato en los despojos de la Gran Colombia.

 

Cuidado Macondo, lo más difícil de una dictadura es borrar las huellas que deja sobre las sociedades, lo más profundo de esas huellas queda en el subconsciente de los hombres y mujeres que crecen en una sociedad donde la polarización apaga la creatividad y la uniformidad aniquila la crítica y la razón.

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