Pienso y Existo

agosto 14, 2009

La muerte de las utopías

Filed under: Pensamientos — Wilmar Perez @ 7:07 pm
Tags: , , ,

Era una hermosa mañana, de aquellas que parecen todas iguales a los 14 años. Como era costumbre deambulábamos por los pasillos del colegio, haciendo caso omiso a las instrucciones del profesor de deportes que, también, a su vez, se refugiaba en algún rincón olvidado del colegio para escapar a los gritos, risas y chillidos de aquellos jóvenes que veían correr el día sin mayor interés. De repente pasamos por la sala de profesores y en la televisión había un reporte extraordinario del noticiero: “acaban de asesinar a Luís Carlos Galán Sarmiento”, alcanzamos a escuchar. A pesar del desinterés que a esa edad despiertan los noticiarios, sabíamos que esa no era cualquier información suelta, ni ningún falso reporte “de interés general” anunciando una estúpida campaña de detergentes. Algo importante había pasado, algo que el país recordaría, algo que nos iba a doler durante mucho tiempo.

Sabía que tenía que compartir aquello con alguien, no entendía muy bien por qué pero sabía que debía difundir la noticia. Encontré a mi profesor de Ciencias Sociales, que vestido con una camiseta roja bastante juvenil y un gastado bluejean, no lograba disimular la edad reflejada en su enorme bigote canoso, del cual todos hacíamos mofa.  “Profe, mataron a Galán”, le dije; automáticamente me respondió: “no, no molestes”, “si, profe, es verdad”, le repliqué. Sin mirarme otra vez salió corriendo hacia el salón de profesores donde estaba el televisor. Aún detrás de sus gruesos lentes se podía ver el brillo de aquellos ojos a punto de reventar en lágrimas. Lagrimas que aquella edad yo no entendía.

Sólo hasta unos años logré comprender la congoja de mi profesor. Quizá Galán hubiera resultado ser un presidente clientelista, como muchos que han gobernado Colombia. Quizá sus razonamientos profundos sobre los problemas del país hubieran quedado sólo rezagados en letras muertas que sólo hubieran sido escritas para conseguir votos, quizá la sociedad no hubiera cambiado, quizá Colombia estaría igual o, aún peor, de lo que está en estos momentos. El país nunca tuvo la oportunidad de comprobar si Galán significaría un cambio. La esperanza de muchos se vio truncada. Otra utopía más murió por el poder de las ya comunes balas sicariales de las calles del país del sagrado corazón.

Cuarenta años antes de Galán, habían matado a Gaitán, el único gran caudillo de las masas colombianas. Gaitán el indio, Gaitán el gran orador que despertó la esperanza del pueblo. Quizá Gaitán hubiera resultado ser una farsa, pero tampoco lo sabemos. Otra utopía murió con él. Aún hoy, después de 60 años, seguimos haciendo el duelo a su muerte. La mayoría de colombianos pasamos la mayor parte de nuestra vida sin pensar en las implicaciones de la muerte de las utopías, ya que éstas sólo se representan como un nombre más en las interminables listas de asesinados por la guerra. Sin embargo, para los pocos que caemos en cuenta de las graves implicaciones que la aniquilación de los pensadores ha tenido y seguirá teniendo en nuestra historia, resulta doloroso e insoportable pensar que las esperanzas de la nación siempre terminan bajo tierra, sepultadas por las balas del status quo, de aquellos que prefieren la perpetuidad de una sociedad condenada al fracaso sobre el nacimiento de una nueva esperanza.

Corrían también los años de procesos 8000, cuando cayó bajo las balas Jaime Garzón. Recuerdo que durante aquellos años, mientras vivía en Londres, sentí un dolor de pecho similar al que hoy siento por la suerte de mi país, una desesperanza que me invade. A Jaime Garzón lo conocí brevemente en la Universidad, donde su claridad de pensamiento era sorprendente para mi inmaduro cerebro. A Galán no lo conocí y mucho menos a Gaitán. No puedo decir que ninguno de ellos fuera buena o mala persona, no sé si el país fuera diferente si aún estuvieran vivos, pero la muerte de ellos mató un poco más el espíritu de una Colombia que hoy se ahoga en deseos de sangre y se sumerge por voluntad propia en una dictadura.

De igual manera en el mundo fueron asesinados grandes hombres como Martin Luther King y Gandi, mostrando de raíz la condición de la idiotez humana. Sin embargo, ellos pudieron cambiar su historia y cambiar sus países. Gandi libero la India del colonialismo británico, por la única vía posible: la desobediencia civil, sin baños de sangre (aunque hubo sangre), sin cataclismos bélicos. El reverendo King sentó la base para los derechos de los negros en Estados Unidos y hoy, con un Obama, sentado en la silla presidencial norteamericana, sus esfuerzos han mostrado su mayor reivindicación.

Nuestras utopías rotas han quedado en mucho menos. Quizá sólo el magnicidio de Gaitán representó un cambio radical en Colombia, pero fue un cambio para mal: se recrudeció la guerra en el país y se consolidaron las clases corruptas de la oligarquía, nacieron las FARC, se creo el Frente Nacional y se prolongo el conflicto que desde la Guerra de los Conventos y, su sucesora, la Guerra de los Mil Días, aún sigue ensañándose en una sociedad que a fuerza de vivir entre la corriente se le olvido que está en medio de un remolino.

Quizá la cobardía de saltar a los escenarios políticos no es excusable, quizá en vez de estar quejándonos por la suerte del país deberíamos ser más activos y participar con fuerza en el escenario político. Quizá deberíamos evitar dejarnos llevar por el temor a sólo ser una utopía más que termina bañada en sangre en mitad de una plaza en cualquier pueblo perdido de los Andes.

Ojala no olvidemos nunca el dolor de perder las esperanzas, ojala Gaitán, Galán, Jaramillo Ossa, Garzón, Pizarro León Gómez y tantos otros no sean sólo nombres de una lista interminable que ya nadie obliga, por lo menos, a aprender en el colegio para recordar que alguna vez hubo un país distinto a través de sus ojos.

Anuncios

3 comentarios »

  1. Sensato escrito de la historia que enluta a este país, cada día más pobre en sentido común y tolerancia por los otros.
    Este país es tan absurdo que la única forma que tiene de quitarse de encima a quienes hablan en pro de las mejoras es asesinandolos.
    Ojala muchos de los hoy lloramos estuvieran vivos!! para no tener que recordar la impunidad que diariamente nos azota.

    Comentario por Emilia Lucía — agosto 15, 2009 @ 11:18 am | Responder

  2. Es exactamente como lo expresas, un país absurdo, un país que por falta de imaginación simplemente mata a aquellos que se atrevena a manifestar que piensan diferente. Ojalá todos estuvieran vivos para poder crear verdaderas discusiones edificactes que, quizá, pudieran llevar a una mejor nación. Saludos Emilia.

    Comentario por darioperezb — agosto 21, 2009 @ 10:04 am | Responder

  3. Esa historia del colegio es para adornar el relato ¿no? a Galán lo mataron de noche y al otro día fue sábado.

    Comentario por Manuel — marzo 26, 2010 @ 6:01 pm | Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: