Pienso y Existo

diciembre 12, 2009

La inoperancia de las ideas

Filed under: Pensamientos — Wilmar Perez @ 11:54 am
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Prácticamente cada año en las elecciones para representantes públicos que se dan en cualquier país del mundo se escuchan, básicamente, los mismos discursos pero con orientaciones diferentes. La necesidad de un Estado que garantice la inversión y la estabilidad fiscal cuando es un candidato de corte derechista o la necesidad de un Estado que garantice el acceso a los recursos de aquellos más pobres y desposeídos si se treta de un candidato de izquierda. Aquellos que se proclaman de centro o sin filiación ideológica hacen una amalgama de ambas corrientes para llegar un poco a cada segmento poblacional con la esperanza de acaparar un poco la atención de cada uno de ellos. Sin embargo, la base central de “la sociedad ideal” está dada desde tiempos inmemoriales, grabados en piedra, desde la casas dinásticas egipcias, pasando por los griegos, los árabes y los filósofos de la ilustración; todos ellos han coincidido, de una u otra manera, en la necesidad de cierto tipo de equidad social, sin embargo, aún se sigue discutiendo la posibilidad de la misma. ¿Será que las ideas pasan a ser inoperantes frente a los impulsos básicos de la codicia humana? ¿Será que por mucho que se hable sobre el mejoramiento social, mientras el estadio actual de evolución del hombre no progrese, las cosas seguirán siendo iguales?

Platón proclamaba la necesidad de una equidad social regida por clanes o castas, por paradójico que esto suene. Tomas Moro tenía claro que los problemas de inseguridad eran debido a la falta de oportunidades y planteaba la necesidad de una equidad donde hubiese un rey controlado por un parlamento. Muchos filósofos donde se destacan San Agustín, Bacon, Jesús y el mismísimo Einstein, que  yo considero un filosofo, han planteado que el mejoramiento de los problemas de la sociedad, que son los mismos desde hace miles de años pero en escalas diferentes, se podría alcanzar con la equidad de sus ciudadanos. ¿Por qué aún se sigue discutiendo lo mismo? ¿Por qué aún se busca la formula secreta y se plantean campañas políticas que no son más que demagogia para acceso al poder?

La respuesta darwiniana simple es: somos seres en evolución, nuestro sistema límbico aún gobierna la base de nuestro comportamiento y la corteza cerebral es simplemente una mascara de nuestros verdaderos deseos.  Francis Bacon decía: “Aquellos que están en los cargos más importantes son simples sirvientes; sirvientes de un soberano o de un Estado, sirvientes de la fama o de los negocios, no son hombres libres, ni como personas ni para sus acciones, ni para su tiempo. Para distinguirse entre los demás hay que trabajar, hay que sacrificarse, hay que volverse indigno, y son esas mismas indignidades las que les dan dignidad. La fama y el poder son efímeros, siempre terminan en una caída, o, en el mejor de los casos, en el olvido”. Por tanto, extrapolando a Bacon, el deseo de servicio de los gobernantes es una falacia, lo que verdaderamente se quiere es poder y fama personal, aún rebajándose a si mismo.

Por tanto, la pregunta que salta a la vista es: ¿por qué el pueblo sigue creyendo a los políticos cuando les prometen lo mismo que se ha venido prometiendo durante miles de años, cuando se busca solución a un problema planteado casi desde el nacimiento mismo de las sociedades? En realidad la respuesta para mi es incomprensible y borrosa, se me escapa de las manos, y si la tuviera podría proclamarme más allá del alcance de las mentes más brillantes de la historia. Mi única conjetura, es que aún hoy como en los tiempos de los antiguos egipcios, aztecas, mayas e incas, entre otro, el pueblo sigue viendo a sus gobernantes, de una u otra manera, como la extensión de su idea de Díos en la tierra. Robando un poco las ideas de Spinoza, que decía que la Biblia había sido escrita como un tratado político para las masas y que no hubiera nada más que se alejara de la filosofía de Jesús que la práctica del cristianismo; las ideas y programas de gobierno de los políticos terminan siendo no más que simples cristales que destellen a esas masas que esperan que el mundo cambie para ellos mágicamente, porque es más fácil depender del otro que de uno mismo.

Quizá la verdadera política murió con la caída de Roma y Bizancio. El arte de la política es vender esperanza, para alcanzar la gloria del político. Detrás de las grandes figuras están las rémoras que mantienen brillante al gran tiburón para poder obtener los grandes bocados que escapan de las fauces de las bestias, bestias adoradas por aquellos pequeños peces que terminan viendo su final dentro de los grandes dientes de la maquinaría económica que arrasa cualquier idea de igualdad y felicidad que se proclame.

Las ideas son bellas pero inoperantes en una sociedad donde sólo sirven de teatro para mantener a sus individuos contentos en la Matriz.

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1 comentario »

  1. Hay esta el problema del asunto politico, en qué para tener un cambio en la politica, se debería empezar porque el oportunismo y las falsas expectativos de los candidatos no exisitieran. Yo pienso que por más que alguien llegue libre de impurezas al gobierno, en su equipo siempre habrá alguien contaminado o que se venda.
    Pero aún así, más allá de demagogias yo creo en un posible cambio y que un punto de partida en nuestro país sería la llegada de Fajardo al poder, falta esperar como van llegando los vientos.

    Comentario por Emilia Lucia — diciembre 13, 2009 @ 10:44 am | Responder


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